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El viajecito
Ignoro cómo se
llama la Irati de Arnaldo, pero la he visto muy poco lista. Dar lugar a
que ese hombre tenga cualquier percance no está bonito. Se nos da un
tantarantán contra un mojón y tenemos ahora mismo el proceso temblando.
La Irati de turno coge esa mañana el teléfono, busca en «Mis números»,
da a la tecla de menú, va hasta la F, aparece Fiscalía General del
Estado, botón verde y espera. «Dígame». Es la secretaria de Cándido.
«Hola, bonita. Oyes, que ya llega la primavera, que ya llega la nueva
Euskal Herria». «Le paso», diría la secretaria. Y en un periquete tienes
al Fiscal al habla, que es un señor comprensivo que hubiera anulado el
absurdo viaje que emprendió anteayer hacia la justicia el líder
independentista. Sobre todo si esa mujer hubiera esgrimido razones de
peso. Aludir al peso tal y como se nos cría Arnaldo es recurrir al humor
de pegote, lo sé, pero estarán conmigo en que ese lustre puede deberse a
la ansiedad, que se manifiesta, en ocasiones, proporcionando al enfermo
una insultante lozanía. Estábamos con
el Fiscal al habla. Bueno, pues como los Cruz y Raya.
"Si no es por no ir, que si hay que ir se va, pero ir para ná, pues como
que no". Primero, nos habíamos ahorrado el mal rato de
Arnaldo abandonando Elgoibar, con ese frío tan traicionero. Luego el
bocadillo, porque una vista oral con el estómago vacío te deja el cuerpo
sin redondear. El sin vivir de estar esperando la llamada de que ha
llegado con bien, el come-come, la incertidumbre. Y encima la vuelta,
con los hielos acechando como cuchillos. Arnaldo, efectivamente, es un
hombre con cabeza que, intuyendo Miranda de Ebro repleta de trampas,
pegó un volantazo y tiró para su casa. Esto se le cuenta al Fiscal y nos
habíamos ahorrado a la Guardia Civil marchando a detener a Arnaldo con
el consiguiente bochorno ante el vecindario, y hasta el avión privado,
aunque hay que reconocer que suena de un exclusivo fascinante. Total,
Arnaldo pasó un día de perros porque a Cándido le daba cosa hacer lo que
todos sabíamos que iba a hacer. Unos enredas, de verdá.
María
José NAVARRO
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