Trampa mortal en el
Líbano
Demasiadas veces nos han presentado las
«operaciones de paz» en las que intervienen nuestras Fuerzas Armadas
como misiones seguras, centradas en labores de reconstrucción. Sin
embargo, estas operaciones son de naturaleza militar, precisamente
porque no son seguras, porque no hay autoridad capaz de imponer el orden
y sí grupos dispuestos a hacer uso de la fuerza con fines políticos.
Lo ocurrido ayer en Líbano es el triste
recordatorio de que vivimos en un mundo complejo y violento, en el que
nuestros soldados tienen que exponer sus vidas para lograr sacar
adelante las misiones que se les asignan.
El Partido Socialista ha jugado con la idea de
trasformar nuestras Fuerzas Armadas en una ONG especializada en
operaciones de paz y labores de reconstrucción. Parece evidente que las
misiones asignadas a nuestros hombres en Líbano o en Afganistán son
propias de una ONG. Les guste o les disguste son misiones militares
porque en Afganistán hay una guerra de baja intensidad y en Líbano está
a punto de estallar otra.
La misión de Naciones Unidas en Líbano estuvo
desvirtuada desde el principio, cuando el secretario general de esa
organización acordó con las partes una interpretación indebida de la
Resolución del Consejo de Seguridad, por la que sólo perseguiría a
Hizbolá, si trataba de actuar al sur del río Litani.
El resultado ha sido que la presencia allí de
nuestras tropas ha permitido a Hizbolá rearmarse cómodamente a través de
la frontera siria al norte del Litani, mientras reorganizaba sus
estructuras operativas, muy dañadas por la contundente intervención
israelí. Así las cosas, no fuimos a combatir terroristas, sino a
protegerlos.
Tras meses de relativa calma, la situación ha
comenzado a cambiar. Un grupo terrorista supuestamente vinculado a Al
Qaida, pero que cada día aparece más conectado a Siria, ha provocado un
grave levantamiento en un campo de refugiados palestino en Líbano.
Otro grupo desconocido, o quizás el mismo, disparó
hace unos días unos cohetes desde la zona controlada por los cascos
azules contra Israel. Hizbolá negó su participación y en Israel se
especula con que fueran palestinos vinculados a Al Qaida. Ahora, en una
operación clásica de guerrilla, un contingente español ha sido atacado
con resultados fatales para algunos compatriotas nuestros. Puede haber
sido Hizbolá, otro grupo vinculado a Siria o la propia red de Al Qaida.
El hecho es que estamos en medio de un conflicto y
con una misión asignada que es absurda. Siria está empeñada en
desestabilizar el Líbano, para justificar una nueva ocupación, al mismo
tiempo que los islamistas -Irán, Hizbolá y Al Qaida- tratan de acabar
tanto con la democracia libanesa -una corrupta influencia occidental-
como con la existencia de Israel.
O los cascos azules asumen la responsabilidad de
perseguir a los que atentan contra la seguridad o mejor nos retiramos
cuanto antes. Nos han utilizado y ahora nos van a tratar como lo que
somos, «cruzados».
Estamos pagando el precio de haber adoptado una
actitud demasiado pasiva, dejando hacer, siempre y cuando no hubiera
alteración del orden. Ahora ellos van a mover ficha. Los israelíes están
listos para lo que les puede deparar el verano, pero nosotros estamos en
el lugar menos apropiado en el momento menos oportuno, justo en medio.
FLORENTINO PORTERO
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