INICIO

 

Somos así de tontos  

 

 

Y ahora nos piden confianza y colaboración. Bien, repasemos la historia. El boletín oficial del Gobierno, todo un grupo periodístico que vende desde libros hasta revistas de cine, ha señalado que desde hace cuatro años, o sea desde el 2002, el partido de Zapatero viene negociando el alto el fuego que se anunció públicamente el pasado miércoles. O sea, que dos años antes de ganar las elecciones, apenas que Zapatero se hizo con la Secretaría General del PSOE, sus enviados especiales (ahora diremos quiénes han sido) se han venido dando el morro con los asesinos. Los dirigentes del Partido Popular que entonces, 2002, recuérdese el dato, poseían la dura responsabilidad de luchar contra el terrorismo, afirman que entonces no supieron ni una palabra de aquel inicio sorprendente de negociación. Es más: ni siquiera los espías a sueldo del Estado les transmitieron la más mínima información.
Puede ser que éstos, que a veces parecen por su despiste el «Superagente 86 », no se enteraran tampoco en aquella ocasión de nada, o pudo ocurrir asimismo (hipótesis que pone los pelos de punta) que al CNI y a otros grupos de enterados no les diera la gana de contar lo que ocurría. Lo cierto es que no dijeron ni pío a José María Aznar y sus colaboradores. Cuando en aquel tiempo, y sobre todo, cuando en los días terribles del atentado del 11 de marzo del 2004, el inefable prócer Pepín Blanco se jactaba en público de saber mucho más que «ese pobre hombre (sic) de Ángel Acebes », ya se ve que no se marcaba un farol; sabía realmente más: ¿quién se lo decía?
«Tenga confianza ». Y ahora nos piden confianza y colaboración. Bien, sigamos con la historia. Hay datos más que suficientes que avalan otra afirmación: durante todos estos años, cuatro, cada vez que desde la cabeza del Estado se le ha preguntado al Gobierno, es decir, a Zapatero: « ¿hay negociaciones con ETA? », el candidato primero y el jefe del Ejecutivo después ha respondido: «Nada, tenga confianza, señor ». Es curioso: el primer ministro de Francia, el azotado Villepin de estos días, supo con anticipación a nuestro jefe de Estado, que ETA iba a ofrecer un presunto alto el fuego.
La Casa del Rey, que sufre una carencia clamorosa consistente en que nunca puede aseverar ni negar nada, ha sufrido en estas fechas más que otras veces; mientras el PSOE, y por tanto el Gobierno, difundía que Zapatero había pedido a Don Juan Carlos que, a su vez, solicitara a Rajoy paciencia, confianza y colaboración, los colaboradores del Rey no podían decir «eso es mentira ». Se lo prohibían unas angostas reglas de juego que casi siempre convierten al Rey en mudo o en medio lelo. Sucede en todo caso que este Gobierno de ZP ha utilizado, o intentado al menos, transformar al Rey en su correo o en su monaguillo, que en esta ocasión, la especie de demandadero, explícita ¡cómo no!, en la «Polanco Organization », no podía ser más creíble. Pero, de nuevo, era mentira.
Y ahora se nos pide confianza y colaboración. Excusamos decir que sin ofrecer una sola pista de por dónde marchan las negociaciones y qué es lo que han dado ZP y sus muchachos a los criminales para que estos guarden una temporada sus cananas en el armario. Muchas gentes de este país, ahora alborozado porque ETA ya no nos quiere matar por otro rato, ha sentido bochorno al contemplar la imagen de los tres encapuchados (probablemente los Ternera padre e hijo, y la novia de uno de los dos, que ETA ya es así de familiar y endogámica) se dirigían a los españoles impartiendo clases de democracia, libertad y tolerancia. Las gentes se preguntaban: y ahora, ¿nos tenemos que fiar de estos sujetos? Pues sí, a fiarse toca, porque estos asesinos ( ¿podremos llamarlos así en lo sucesivo?) se han pasado cuatro años discutiendo hasta los adjetivos con el Gobierno, para que éste, al final, trague con las lecciones de democracia y con la advertencia de que al final los únicos que van opinar sobre la secesión del País Vasco son los propios vascos, que a los demás nadie nos va a dar vela en ese entierro.
En Navarra, por ejemplo, están que trinan porque los amigos de los hermanos Rojo, navarros por cierto de ascendencia, y el uno, ya se sabe, presidente del Senado, y el otro, presidente de la Caja Vital que avala al «imprescindible » Díaz Usabiaga, han dicho a la familia Ternera y a otros matarifes de su cuerda que lo de Navarra entrará en una segunda fase, que de todo se puede debatir. Los hermanos Rojo, el jefe de Seguridad del PSOE, acompañado a veces en la juerga por un lacayo de Zapatero, y los restos de los «Vera boys », los muchachos que un día mataron a mansalva en nombre del Estado y se pusieron las botas con los fondos reservados, han sido -y están siendo claves en la negociación con la banda. En esas manos estamos.
Y ahora se nos pide confianza y colaboración. El primero, a Rajoy, al que Zapatero va a contar mañana mismo alguna media verdad y muchas milongas y, eso sí, después que a Villepin y a Llamazares, que este admirador de Castro merece más atenciones. ¿Sabremos los españoles de qué va este negocio? Pues eso francamente no.
La masa acrítica de este país se conforma, así lo prevén las encuestas, con que ya nos maten menos, al tiempo, eso esta claro, que Ternera y sus cuates siguen extorsionando a profesionales y empresarios, robando furgonetas y asaltando tiendas de armas en Francia. Todo sea por la paz que ETA nos ha concedido. El proceso, claro, será largo, lo suficiente para que a Zapatero le dé tiempo a adelantar elecciones, que él precisa una mayoría holgada para conducirlo adecuadamente. Y pregunto: aquí y ahora, ¿somos tan idiotas como para ponernos de hinojos ante ZP, aguantar que no nos diga una sola palabra de lo que está haciendo, y ofrecerle nuestra sometida confianza y colaboración? Pues sí, somos así de tontos. Somos unos petardos de tíos. Y más buenos que Benedicto XVI.


Carlos DÁVILA