Romance a la soldado

No es por ruido de sables ni
runrún de cartucheras, ni porque haya maniobras o marejadilla bélica,
pero todas las portadas hablan de la soldadesca: una soldado española
que está en un cuartel de Ceuta, ha decidido posar escasa de vestimenta,
o sea, casi en pelota, sólo con bragas y medias, bien tocada de boina
-boina verde, en la cabeza, por si tengo que aclarar que la boina no es
negra ni es lo que ya están algunos pensando por la entrepierna-, con
cantimplora en el vientre y con botas de faena. Además, un cordoncillo
que le circunda una teta que, para ser más exacto, se trata de la
derecha. Bajo la boina luce una larga cabellera ligeramente rizada y
tocadita de mechas... La soldado es ella sola todas las unidas
fuerzas..., armadas, si están delante, rendidas, si van tras ella. Y los
servicios Jurídicos del Ejército de Tierra están a ver si le cogen una
falta a la artillera. ¿Falta? Pues, señores míos, me resulta a mí
perfecta. Miren qué ojos, qué pelo, qué trasero, qué dos piernas, qué
bragas tan ajustadas en la bocacalle estrecha... Si no va «prietas las
filas», bien que son sus carnes prietas, que la muchachita está para
saltar desde tierra, cruzar a nado el Estrecho hasta dar con ella en
Ceuta.
Qué pena no ser soldado de su
reemplazo, colega. Ay, lo que será una guardia -de guardia la noche
entera- con ella en una garita pasando el peligro a medias... ¿Falta? Si
está que se sale, si se rebosa la menda, si no hay por donde tacharla,
aunque sí por do cogerla... Si Rodríguez Zapatero quiere ya la paz que
sueña, que se lleve a esta soldado a negociar: la presenta y dice que
sus razones para la paz sólo es ella, y no habrá quien no se rinda, y no
habrá a quien no convenza. Otra cosa es que el desarme sea fácil como la
entrega, que mirando a esta muchacha tal como nos la presentan, todos
son Fuerzas Armadas deseosas de contienda. Haya paz entre nosotros, pero
si avisan a guerra, que me pongan en el frente donde la pongan a ella.
Que siempre está la esperanza que al ver malas y no buenas, de noche,
con bombardeo, juntitos, en la trinchera, hable y diga: «¡Compañero, a
liarnos, cuerpo a tierra!».

ANTONIO GARCÍA
BARBEITO
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