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Por la unidad de España 

 

Empezaron siendo una docena y ya pasan de la treintena los colectivos cívicos de todas las partes de nuestro país que este sábado a las doce y media van a estar junto al Foro Ermua en la Puerta del Sol para dar a conocer un manifiesto «por la unidad de España ». Esa concentración, a la que me atrevo a pediros, lectores, que os suméis sin reservas, es - si no me equivoco- el primer gran acto público que es convocado explícitamente bajo tal lema por la ciudadanía de la España democrática. Ésta es una de las cosas que lo hacen importante. Hemos tenido que esperar tres décadas para vencer el pudor de decir juntos y al aire libre lo que sentimos, lo que queremos, lo que no queremos perder. Uno no niega haber padecido ese imperdonable pudor en el que también desea ver no sólo el complejón y la cobardía sino - a modo de atenuante- la timidez y discreción con las que quienes no somos nacionalistas ni exhibicionistas nos contenemos los afectos sinceros y las emociones profundas. Pero no es hora de fustigarse con el pasado sino de superarlo y salir a la calle. «A la calle que ya es ahora de pasearnos a cuerpo », como dice el verso de Celaya. Es hora de llenar la Puerta del Sol de banderas y escudos constitucionales y de que digan lo que quieran quienes hasta duermen con la ikurriña o la señera. Me dice un amigo que lo de la «unidad de España » le suena a franquista. «Por eso hacemos nuestra esa expresión - le explico paciente- , para que deje de sonarte a franquista y desde hoy te suene a libertad, a igualdad, a solidaridad, a democracia, a Ilustración, a Derechos Humanos, a Constitución, a las víctimas a las que no asesinaron por nada sino precisamente por representar la unidad constitucional de España, a movimiento cívico, a Foro Ermua, a los anticuerpos que venzan a ese virus. Si supiéramos hacer una gran vacuna de toda esta intentona golpista que se disfraza de estatutaria y que ayer era admitida a trámite por el Congreso de Diputados...
Vamos a hacer esa vacuna. Vamos a decir España con la sencillez con las que pronunciaron esa palabra Machado y Cernuda y Hernández. ¿Es que el PSOE de Pablo Iglesias era menos de izquierdas por llamarse «Obrero Español » que el PSC de Maragall por llamarse sólo «catalán »? Si los nacionalistas llevan treinta años dando la chapa con lo que sienten y lo que quieren y lo que dejan de sentir y querer ¿por qué no lo vamos a hacer un día quienes no abusamos de las banderas ni de los símbolos? Es hora de acabar con los pudores tontos, de gritarle a esa gente que sí, que somos españoles, que somos felices siendo españoles y moviéndonos sin visados por nuestro territorio; que queremos seguir siéndolo sin pedirles permiso; que se guarden sus eufemismos para nombrar a España; que se avergüencen ellos de su localismo ridículo, patriotero, cursi. Que se avergüencen de su vergüenza. Perdonen, lectores, mis tonterías sentimentales pero pienso ir a la movida de Sol con mi bandera constitucional como un crío con zapatos nuevos, con el mismo orgullo y la misma ilusión con la que a los veinte años llevaba el brazalete del servicio orden del PCE en los mítines de 1977.

                                                                                    Iñaki EZKERRA