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Mi cuerpo, su vida   

 

El devenir de la humanidad puede ser visto como una sucesión de horrores perfectamente resumida por el título del libro de Borges, «Historia Universal de la Infamia». Masacres, torturas, genocidios, pirámides de manos, túmulos de cráneos, hileras de horcas, hornos a pleno rendimiento, la lista de abominaciones se despliega agobiante, pero siempre parece que semejantes explosiones de maldad pertenecen al pasado, que las cometieron otros, que suceden en lugares muy remotos y que gracias a la distancia y al tiempo que nos separan de su realidad escalofriante podemos sentirnos inocentes y escandalizarnos cómodamente arrellanados en nuestra existencia previsible y ordenada. Sin embargo, Barcelona no está lejos, los despedazamientos de indefensas criaturas en gestación de siete u ocho meses, con sus miembros perfectamente formados, su diminuta fisiología funcionando con la regularidad confiada que proporciona el entorno más protegido del mundo, sus pequeños corazones latiendo a ritmo esperanzado, no se produjeron en otras épocas ya olvidadas, han tenido lugar hace pocos días y se han prolongado durante años ante la pasividad general, la de los gobernantes, la de la policía, la de los jueces, la de los vecinos de las clínicas en las que cotidianamente se perpetraban tales crímenes por hombres y mujeres de bata blanca, profesionales, fríos, eficientes, que cobraban por cada asesinato y dormían a pierna suelta o iban a la ópera o al cine. Veinticinco siglos de antropocentrismo dignificador, veinte siglos de cristianismo redentor, cuatro siglos de ilustración civilizadora, no han servido de nada, no han entrado en esos quirófanos siniestramente impolutos en los que la suprema inocencia era descuartizada con gestos mecánicos por monstruos que antes de comenzar su demoníaca tarea habían esterilizado sus manos y vaciado sus almas. Cuando una mujer embarazada se entrega a estos oficiantes de la muerte decide sobre su cuerpo, que es bien suyo, pero también siega una vida, que es de otro. El derecho a ser frente al derecho a prescindir de una molestia. Trágica disyuntiva, repulsiva elección.
 

Aleix VIDAL-QUADRAS