Las mariposas
Cuando lo supe no podía creerlo. Parece ser que
todo el tinglado del túnel derrumbado, del tiempo perdido, del dinero
derrochado y del comunicado del Ministerio de Fomento en el que se decía
que no se había hecha pública la desencuadernación del túnel por
constituir un «asunto menor», se debe a una colonia de mariposas que los
ecologistas «sandía» consideran del mayor interés. El túnel del Ragajal,
o el Rajagal, o como se digne ser llamado, se ubica en el trayecto del
AVE Madrid-Valencia a la altura de Aranjuez. La autovía
Madrid-Andalucía, a su paso por Aranjuez, presenta una larga curva
peraltada al revés que ha sido causa de muchos accidentes mortales. Las
mismas mariposas. Para no interrumpir el sosiego y el libre vuelo de las
mariposas, los ecologistas «sandía» obligaron a modificar el trayecto de
la autovía, como ha sucedido con el del AVE a Valencia. Antes que la
vida de los automovilistas, la de las mariposas. Prioridad políticamente
correcta como la del empecinado enfrentamiento a la construcción de una
autovía en la llamada «carretera de los Pantanos», la más peligrosa de
España. En los aledaños de dicha carretera no se detectaron colonias de
mariposas, pero los «sandía» del ecologismo político de la Izquierda,
para fastidiar a Esperanza Aguirre, descubrieron una cagarruta, un
estercolamiento, el resto digerido de un lince. El lince resultó ser un
gato doméstico, pero a punto estuvieron los «sandía» de colgar a
Esperanza Aguirre de una farola de la Puerta del Sol. Cien muertos al
año en la carretera a cambio del mocordo de un lince que nunca existió.
No son sólo unos gilipollas. Son peligrosísimos, porque juegan con la
corrección política y nadie se atreve a contradecirlos. La línea del AVE
a Valencia no tenía que atravesar ningún túnel por aquellos predios
derrumbados. Sencillamente se desviaba unos metros y rozaba la falda de
un pequeño montículo generoso en arbustos para continuar el camino. Pero
en ese sector de la falda del montículo, los «sandía» advirtieron la
presencia de unas mariposas rarísimas, y a las mariposas rarísimas no se
les puede molestar. No son tan raras, sino muy abundantes, pero los
ecologistas «sandía» decidieron que se trataba de una subespecie en
grave trance de peligro de extinción. Y entre una mariposa y un tren,
gana siempre la mariposa, como dice Al Gore, que no sé si lo ha dicho,
pero lo dirá, y si no, al tiempo. Amo la naturaleza como pocos. Pero
estoy de las mariposas de Aranjuez, de los linces de la carretera de los
Pantanos que se estercolan desde sus posaderas de gatos domésticos, de
los mochuelos moteados, de los buitres leonados, de las águilas
ratoneras y de los amables lobos amigos del hombre, hasta los mismísimos
nísperos. Estoy del calentamiento global, del efecto invernadero, de la
contaminación atmosférica y del cambio de humor de los osos polares,
hasta la rendición de mi paciencia. Miro al cielo y no veo otra cosa que
águilas ratoneras. En mis flores se amontonan las mariposas a punto de
la extinción. Los buitres leonados colisionan entre ellos porque son más
abundantes que las nubes. En la carretera mueren las personas porque
pagan el tributo a las mariposas, y los túneles se derrumban por la
misma causa. Somos idiotas.
Alfonso USSÍA
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