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La muerte, en rebajas  

 

Hoy dedico esta «Primera» a veinticinco personas que ya no están entre nosotros. A veinticinco memorias y veinticinco identidades. A Fausto Escrigas, Vicente Romero, Juan García, Esteban del Amo, Eugene Kent, Juan Carlos González, Vicente Javier Domínguez, Juan José C. Vázquez, Juan Mateos, Alberto Alonso, Ricardo Sáenz de Ynestrillas, Carlos Vesteiro, Francisco Casillas, Jesús María Freixes, Santiago Iglesias, Carmelo B. Álamo, Miguel Ángel Cornejo, José Calvo, Andrés José Fernández Pertierra, Antonio Lanchano, José Joaquín García Ruiz, Jesús Gimeno, Juan Ignacio Calvo, Javier Esteban y Ángel de la Higuera. Y se lo dedico a sus familiares, mujeres, padres, hijos y hermanos de todos ellos. Y lo hago con emoción abierta y rabia nada contenida. A todos ellos, desde que fueron engendrados hasta que vieron la luz, les costó nacer a la vida nueve meses en las entrañas de sus madres. Al asesino que les quitó esas vidas, al inmundo canalla que los asesinó, le ha costado tres meses menos por cada uno de ellos el haberlos matado. El precio temporal de sus vidas ha sido establecido en seis meses, que es lo que ha permanecido en la cárcel el asesino, que se halla a un paso de disfrutar la libertad. El terrorismo en España es barato. Y asesinar a inocentes, una ganga. La muerte, en rebajas.
Todos los que he tenido el honor de nombrar en los primeros pasos de este artículo, son víctimas directas de la inhumanidad miserable y sangrienta de un asesino que ha puesto de hinojos al Estado de Derecho, al Gobierno de España y a la Justicia de nuestro país. A ninguno de ellos les concedió De Juana la oportunidad de disfrutar de su fundamental derecho. El derecho a la vida. A ninguno de ellos se le trató con cuidado, benevolencia y caridad. A todos los enterraron en silencio, en medio de un dolor inimaginable. Ninguno de los familiares que asistieron al entierro de los suyos podía figurarse que ese cuerpo querido que depositaban bajo tierra valía menos de seis meses de castigo. El terrorismo en España es barato. Y asesinar inocentes, una ganga. La muerte, en rebajas.
El Presidente del Gobierno de España se ha atrevido a decir que el asesino de veinticinco personas, el depredador de veinticinco vidas, es un hombre «inmerso en el proceso de paz». Ignoro de dónde ha sacado esa estúpida conclusión, porque el «hombre inmerso en el proceso de paz» no sólo no ha mostrado arrepentimiento alguno de sus crímenes, sino que se ha reído de las víctimas posteriores y de sus familias, que así lo ha reconocido y escrito, para asesinar con palabras a los que no pudo, por estar en prisión, matar personalmente. A ese asesino le ampara el nacionalismo vasco, y una buena parte del socialismo -con Pachi López a la cabeza-, y un sector de la Iglesia vasca, y determinados cómicos subvencionados, y un retroprogresismo casposo y antiguo, y la obediente y callada ciudadanía que considera justo que la vida de un inocente no valga más de seis meses en prisión. Todo ello, unido al poder político, concluye en la libertad de un criminal orgulloso de serlo, de un chulo mentiroso, de un huelguista de hambre que no ha pasado hambre, de un enfermo por sí mismo, cuidado, tratado y vigilado a costa de todos los españoles, incluidos los familiares de sus víctimas, cuyas vidas -ya lo saben- no valen más que seis meses de cárcel. La muerte en rebajas.
Es la última vez que escribo de De Juana Chaos. Me repugna. No concibo su libertad. Me siento abofeteado, agredido e insultado como español y como contribuyente. Ningún vínculo familiar me une a sus víctimas y sus familias, pero me siento absolutamente suyo, de todos y cada uno de ellos, y de los que sufrieron antes y después, y de los que sufrirán en el futuro. Porque hasta que no consigan lo inalcanzable, estos criminales no van a dejar de asesinar, y el que no lo vea así, o es un imbécil, o es un iluminado, o es un traidor. La muerte, en rebajas.
Nueve meses para nacer, seis meses para castigar sus muertes. Nueve meses para nacer, seis meses para recordar al asesino, muy amablemente, que matar no está del todo justificado. Hay que amar mucho a una tierra y a una Patria, a España, para no salir corriendo huyendo de esta confabulación de gentuza que nos gobierna, ya sea desde los ámbitos del Poder, ya sea desde el lecho carcelario de un criminal chantajista que consigue sus propósitos. Mañana, mi muerte, o la de ustedes, valdrá lo mismo. Seis meses de prisión. Una baratija. La muerte, en rebajas.
Me pregunto qué hacen en la cárcel los penados y condenados por delitos infinitamente menos graves que los cometidos por De Juana Chaos. Los terroristas de la ETA son los aristócratas absolutistas de nuestras prisiones. Mandan y exigen. El Estado de Derecho se humilla y ellos vencen. Muerto el perro se acabó la rabia. Lo malo es que esos perros eran personas inocentes y libres. Por matar a un perro se pasa más tiempo en la cárcel que por asesinar a una persona. La muerte, en rebajas. Sinvergüenzas.

 Alfonso USSÍA