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La bestia verde
La bestia parda, la bestia roja, la bestia verde.
Las primeras, azuzadas por Hitler y por Lenin, marcaron con el hierro de
la infamia a quienes nacimos en el siglo de la megamuerte. La última se
cebará con los despojos de una sociedad marchita por la
autocomplacencia. Occidente enarbola el eufemismo - esa banalidad
seráfica de la «marea verde »- para intentar exorcizar a la serpiente.
Quiere mirar medrosamente hacia otro lado; se sacaría los ojos como
último remedio. Todo para no ver que la victoria de Hamas equivale «de
facto » a una declaración de guerra. Que las banderas que ondean en
Ramala son el sudario de la convivencia. La paz, una vez más, empieza
nunca. Una vez más se desvanece el espejismo que ya se insinuaba al
borde de los dedos. Así, dirán algunos, lo ha querido el pueblo. Lindo
chiste, el del pueblo. Desde 1789 hasta la fecha no hay carnicería que
no lleve en su rótulo la coartada sempiterna. El pueblo francés: la
sanguinaria turbamulta de picas erizadas de cabezas. El pueblo ruso: un
empedrado de cadáveres distorsionando la perspectiva Nevsky. El pueblo
alemán: el mutis por el foro cuando sacaban de su casa al judío de
enfrente. Y ahora, por fin, el pueblo palestino: ráfagas de «kalaka »
para conmemorar los esponsorios entre el terror y la tragedia. El pueblo
pide sangre y, para más joder, Alá se ha conchabado con el pueblo. Pues
a la mierda el pueblo cuando los matarifes afilan sus cuchillos en el
pedernal del pueblo.
La bestia verde chasquea las mandíbulas en el aciago corazón de las
tinieblas y no tenemos a mano un Harry Potter capaz de reexpedirlo al
más allá de donde viene. No va a quedar otra varita mágica que la que
escupe fuego, ni otro lenguaje inteligible que el que se expresa con la
fuerza. Si unos quieren morir - y no morir matando, sino matar muriendo:
así es la cuadratura del círculo siniestro- y otros, por su parte, no
están por la labor de que los pelen, no hace falta haber estudiado en
Harvard para saber a qué conduce todo esto. Una vez legitimados por las
urnas - como si la barbarie pudiera redimirse con una papeleta- , los
desbocados asesinos de Hamas tenderán sus anzuelos en la pecera
colorista de la buena conciencia. Tenemos un culpable - Israel, por
supuesto- y hay que proceder al linchamiento. Mundivisión limpia sus
objetivos para ofrecernos «live » el espectáculo con el elenco habitual
de «guest stars » del progresismo necio. Esos que todavía viven -
probablemente sin saberlo- del furioso prefacio que Sartre colocó al
frente del libro de Fanon, «Los condenados de la tierra ». Pasen y
recuerden: cuando un oprimido (un palestino, a los efectos) liquida a su
opresor (en este caso un judío, o un estadounidense), mata dos pájaros
de un tiro, suprime, a la vez, al opresor y al oprimido: quedan un
hombre libre y uno muerto. Indulgencias plenarias para la bestia verde.
Tomás CUESTA
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