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¿Hostil Hamas?           

 

El 15 de junio de 2007, el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas, consumó un golpe de Estado contra el Presidente Abbas en Gaza. Los hombres de la OLP que no lograron huir fueron aniquilados en la franja. Los de Hamas lo fueron en Cisjordania. Desde hace ya tres meses, existen dos naciones palestinas. La que preside Abbas ha entendido -tarde- cuál es su verdadero enemigo. No Israel, desde luego. De ahí, sus sondeos para restablecer las condiciones de un nuevo Camp David, en términos los más cercanos posible a aquellos que rechazó Arafat en sus años seniles. La otra Palestina, la que arrojan a la desesperación y la ruina los islamistas de Hamas, no ha conocido nunca más lógica que la de la guerra.
Lo único sorprendente, en la declaración del Gabinete de Seguridad israelí que declara Gaza «territorio hostil» , es que haya tardado cien días en producirse. Y que haya sido preciso el masivo ataque de los cohetes Kassam contra poblaciones israelíes para constatar lo sabido: que Hamas no posee otro programa estratégico que no sea el de la destrucción completa del Estado de Israel en toda su superficie.
No hay misterio. La Carta Fundacional de Hamas, fechada el 18 de agosto de 1988 (o, para ser más literales, el 1 de Muharram del 1409 de la Hégira), deja poco lugar a equívocos. Desde el exergo del «mártir Hassán al-Banna», que profetiza cómo «Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el Islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros», hasta la formulación precisa de sus objetivos políticos y territoriales: el «Waqf» (don otorgado por Dios a perpetuidad), según el cual aquel territorio que fue alguna vez musulmán no puede nunca más dejar de serlo.
Artículo 11 de la Carta Fundacional: «El Movimiento de Resistencia Islámica considera que la tierra de Palestina es un Waqf islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Ni ella, ni ninguna parte de ella, se puede dilapidar; ni a ella, ni a ninguna parte de ella, se puede renunciar. Ni un solo país árabe ni todos los países árabes, ni ningún rey o presidente, ni todos los reyes y presidentes, ni ninguna organización ni todas ellas, sean palestinas o árabes, tienen derecho a hacerlo. Palestina es un territorio Waqf islámico consagrado a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio».
Por cierto que esa perpetuidad en el Islam rige -según la Carta Fundacional de Hamas-, no sólo para el actual Israel, sino también para toda la Península Ibérica y para cuantos lugares hayan estado alguna vez sometidos a Alá. «Ésta es la ley que rige para la tierra de Palestina en la sharía (ley) islámica, e igualmente para todo territorio que los musulmanes hayan conquistado por la fuerza, porque en los tiempos de las conquistas los musulmanes consagraron aquellos territorios a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio».
No es un chiste. Por más que a eso suene en nuestras duras cabezas ilustradas. A esa gente juzga «hostil» Israel. ¿Y nosotros no?

Gabriel ALBIAC