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Europa, a tiro
Nada de cuanto sucede en el mundo es
comparable en
gravedad al ascenso iraní hacia la hecatombe. Porque es
una hecatombe, un acto sacrificial extremo, lo que se
gesta en la innegable lógica de la teocracia sacerdotal
que, en Teherán, administra ese austero asceta de la
aniquilación infiel a mayor gloria del Dios grande y
misericordioso que es Mahmud Ahmadineyad. Nadie -ni
políticos ni militares- ignora eso. Y el empeño en hacer
como que tal riesgo no existe puede que sea el síntoma más
inquietante de hasta qué punto la certeza del desastre
nuclear con el que Irán apunta a Europa es absoluta. Y
alza acta de una hipótesis cero de respuesta.
La tecnología nuclear afinada desde el ascenso de los
ayatolahs, hace tres décadas, tenía un objetivo. Lógico,
si se mira desde el ojo de los fieles al mandato coránico.
Puede que Europa haya querido soñar que ese objetivo era
Israel, Israel sólo. Era reconfortante para Europa. Como
lo han sido siempre, en la era moderna, las cíclicas
matanzas de judíos, que exorcizaban sobre cabeza deicida
los miedos propios: entre el 1648 polaco y el 1942 alemán,
jamás la población europea en su conjunto movió un dedo
para interferir tan benefactoras liturgias oblativas; se
compraba con ellas la salud propia, puesto que la matanza
identificaba la bondad de los nuestros al marcar la
maldición eterna de los otros.
Se acabó esa historia.
Los gobiernos europeos pueden seguir
vendiendo a
sus ciudadanos que los misiles nucleares iraníes son para
Israel, y que allá se las apañen los judíos con su riesgo.
Es mentira. Aunque sólo fuera porque Israel se ha dotado
del sistema antimisiles en cuyo despliegue la opulenta
Europa no ha juzgado conveniente invertir un duro; y
porque la respuesta nuclear israelí sobre Teherán sería
automática. Aunque sólo fuera porque un misil iraní que
tenga capacidad para borrar Tel-Aviv, la tiene para
reducir a polvo radioactivo el Vaticano. Gratis, además. Y
si alguien de verdad piensa que la Kneset es un objetivo
más preciado para los locos del Profeta que ese insulto al
gran Islam que es la arrogancia de la cristiana cúpula de
Miguel Ángel, es que de verdad aún no se ha enterado de nada.
Nadie va a mover un dedo aquí. Como congelados
por un terror que no admite ser confesado, los gobernantes
europeos aguardan tal vez -y ocultan su vergonzante
secreto- que USA -o, en su defecto, Israel, como cuando la
central nuclear iraquí de Osirak- vuelva a salvarlos. Para
poder, una vez más, odiar a sus salvadores. Que es la
pulsión básica del continente en sus últimos cien años.
Despertará al percibir que esta vez se quedó solo. Y será
demasiado tarde. No hay un solo estratega serio que tenga
la menor duda de a dónde vayan a apuntar los misiles
iraníes, una vez listos. Al único blanco fácil y rentable:
Europa. Ciao, ragazzi!
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