Engañados
Cómo
se sienten hoy los que estrenan su primer lunes al sol, no puedo
imaginarlo.
Aún
con la mirada bajada del niño que ha roto con el balón el cristal del
salón, aún con ese hilo de voz «yo no he sido, no lo sabía, fue sin
querer, no lo esperaba» mientras daba explicaciones por tener que
rebajar las previsiones económicas, no hay quien pueda dejar de sentirse
hoy engañado.
Sin
embargo no creo que podamos vivir de otra manera que con la verdad por
delante. La autenticidad, en las personas, en las artes, en la
naturaleza, es para mí lo más valioso. Y es triste comprobar que no gana
siempre el que dice la verdad, sino el que miente, si la mentira se dijo
de tal forma que fueron muchos los que la creyeron.
La
verdad es que yo también me creí aquello de... «Cuando llegue la
primavera, se moderarán los precios». No sé. Me sonó a... «Cuando
florezcan los cerezos y las codornices hayan anidado, cuando el primer
corte de la hierba se haya segado... se moderarán los precios».
Pero
hasta en Estocolmo han florecido los cerezos, y los pollos de codorniz
empiezan a golpear la cáscara con el diente del huevo, que es una suerte
de espina de rosal que tienen encima del pico y con el que rompen su
cárcel redonda para salir al mundo todos a la vez, para lo cual pían los
pollos de codorniz antes de nacer, dentro del huevo. También, de lejos,
se ven ya esas líneas paralelas entreveradas de un verde claro y un
verde oscuro, que son la hierba segada y el tallo abandonado y claro que
le dio la vida, mientras los precios alcanzan la estratosfera.
Puede
que uno de los países más caros del mundo para vivir ahora mismo, sea
España.
MÓNICA
FERNÁNDEZ-ACEYTUNO
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