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El teléfono de la paz
La gente se mete con Bibiana Aído por envidia. Se está hablando mucho
del asunto de las «miembras» (¿viriles?) y del mal oído (o mal aído) que
tiene la ministra de Igualdad pero no se está hablando lo suficiente ni
se está valorando la brillante inciativa de poner un teléfono del
maltratador semejante al teléfono de la esperanza al que puedan llamar
todos los que quieren asesinar a la parienta un momento antes de
decidirse a cumplir su deseo. A mí me parece que ese servicio al
ciudadano va a ser un verdadero éxito. Ya me imagino el inventillo
funcionando y a todos los maltratadores de España poniéndose a marcar
números como locos en medio del calentón con un hacha en una mano y el
auricular en la otra. Ya los veo pidiendo ayuda pero a su manera
particular, o sea preguntando dónde se puede comprar una soga o una
pistola. Me imagino los diálogos:
-«Buenas noches, mire, señorita, que soy un maltratador y estoy pensando
en matar a mi mujer mientras guisa en la cocina, pero creo que mi
machete no corta bien?».
-«No, hombre, no haga esas cosas. ¡Vaya unas ideas que se le ocurren a
usted! Mire, como son las tres de madrugada, no sé dónde puede haber un
afilador de guardia, pero ¿no le parece mejor ir a una discoteca a
descargar adrenalina?».
Yo creo que el éxito de esta «medida social» va a ser tan rotundo que
pronto habrá que automatizar el sistema para que el usuario pueda pulsar
varias opciones según su idiosincrasia criminal: «Si tiene intención de
liquidar a su mujer con arma blanca, pulse uno. Si sólo desea ponerle la
cara como un pan pulse dos. Si desea rociarla de gasolina y prenderla
fuego pulse tres. Si hay niño por medio pulse cuatro. Si sus planes no
responden a ninguna de estas opciones, espere a que le ponga en contacto
con un operador que le atenderá gustosamente».
Lo bueno que tienen estas ideas geniales es que sus propios inventores
no sospechan muchas veces el alcance de lo que han inventado. Edison no
se podía figurar que la bombilla eléctrica iba a servir para que fueran
más horteras las discotecas. Para mí Bibiana Aído es una Edison de
nuestros días. No se ha dado cuenta todavía de que lo que ha inventado
es algo que puede traer la armonía universal al planeta. Si Hitler
hubiera tenido a mano un teléfono así, un teléfono no ya del maltratador
sino del invasor, un teléfono de la paz, otro gallo le habría cantado al
mundo:
-«Oiga, que soy Hitler y quiero invadir Polonia».
-«Ande, buen hombre, tómese un valium. ¿Para qué va a invadir Polonia
usted? ¿Qué consigue con eso? ¿Se siente más machito por eso?, ¿eh?».
Y, como también sucede con los grandes inventos, el teléfono de Bibiana
Aído, el «tele-Bibiana», ha tenido antecedentes que se aproximaron, que
rozaron la idea: el teléfono rojo, el de Aramís Fuster, el del
consultorio de la bruja Lola? En realidad el teléfono de la paz a lo que
más se parece es al teléfono de la guerra de Gila. Siguiendo con sus
múltiples aplicaciones yo veo en él la gran solución para disuadir a los
terroristas: «Si piensa poner una bomba en un asilo de ancianos pulse
uno, etc». Tiene narices que este Gobierno tan progresista haya
terminado buscando la igualdad social en el consultorio reaccionario de
Elena Francis: «Querido, amigo maltratador, yo le comprendo. Tiene usted
que tener más paciencia?».
Iñaki EZKERRA
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