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El Ebro como metáfora



La verdad es que tuvo su lado divertido ver el fabuloso modo en que una simple e inocente obra hidráulica como la del trasvase del Ebro podía llegar a convertirse en un tabú políticamente incorrecto, en la pura representación de la ignominia, de la explotación, del fascismo y del hijoputismo capitalista, en un abominable crimen de lesa humanidad. La verdad también es que resulta fascinante observar cómo una campaña de manipulación política puede hacer de la oposición a un simple trasvase de agua una causa idealista, una utopía revolucionaria, una heroica conquista social, un logro irrenunciable de la democracia, un ideal del socialismo universal que al final es un pobre balde porque el agua y las polémicas del agua y los discursos de agua no dan para más. Pero más divertido y más maravilloso ha sido la marcha atrás, este aterrizaje forzoso en la cruda realidad, la rectificación que pretende no serlo y que no va acompañada del reconocimiento del error, sino de una omisión de cemento. ¡Qué bien omiten Zapatero y Montilla! Omiten de un modo tan perfecto, tan profesional, tan grácil y pulido que dan terror. Pero lo más divertido de todo es oír a los tertulianos, que idean para salvar la cara a esa gran incoherencia demiúrgica que es hoy la patrona fáctica de España, mil sofismas ácueos que se diluyen en las ondas hertzianas. Yo creo que es un experimento. El Gobierno está probándonos a los españoles a ver si encajamos dócilmente el salto que ha dado sobre el Ebro de un posicionamiento que se fingió irreductible y era machacón como una secta a la postura opuesta alegremente, sin el menor complejo de culpa ni sentimiento de ridículo, saboreando públicamente el postre de la impunidad y la guinda de la desfachatez. El trasvase del Ebro es una buena metáfora de todas las banderas erradas que ha abrazado el PSOE y que han ido siendo derrotadas por la realidad. Al final sólo queda un camino y es el trasvase. Se puede mantener la coherencia en la incompetencia especulando sobre desaladoras tan antiecológicas como caras. Se puede especular sobre la posibilidad de llevar el agua en tren a Barcelona, pero al final la idea se termina descartando para prevenir cualquier accidente en el AVE de Maleni que convertiría Calatayud en un pantano.
Los trasvases del Ebro que contemplaba el Plan Hidrológico Nacional se convirtieron en una bestia negra antes y durante la pasada Legislatura. Invocarlos era hasta peligroso porque el Gobierno había conseguido teñir de negro la propia agua gracias a la publicitaria superstición que ve en todo signos reaccionarios. La táctica era heredada de Felipe y consiste en buscar la oposición donde sea y como sea, en decir lo contrario que el rival político basándose en el punto débil de su proyecto, trasformando esa debilidad en agente agresor y magnificando su falsa capacidad destructiva. Del Ebro era una de esas cosas de las que no se podía hablar mucho. Ese río tenía algo de Irak o de 11-M. Una de las habilidades más admirables del PSOE es ésa de saber dictar que no se puede hablar de determinados temas. Tan admirable que hizo del Ebro una aburrida patata caliente para «conspiranoicos» sosos.

Iñaki EZKERRA