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De vinos y colores  

 

Se nota ya que estamos en campaña. Se nota. Sebastián está loco de contento con la catarata que le salió el otro día a Gallardón en la emetreinta. Mientras peor, mejor. Si se inunda el nuevo túnel de la autovía de circunvalación madrileña, mejor. Si se cae entero, mucho mejor. Allí estará Sebastián al minuto haciéndose la foto y reprochándole al alcalde que haga túneles que se inundan, aunque el motivo no haya sido la obra ni la mala calidad del túnel en sí, sino un colector de esos que algunas veces se averían. Pero nada, hay que aprovechar el filón. Y criticar a Gallardón por manirroto y por gastón. Y decirle con contundencia: pero hombre, cómo es posible que te hayas gastado 6.000 millones de euros en una obra que se inunda. El problema es que a Sebastián le ponen los números. Sí, le ponen. Sobre todo los de las comidas de su amigo Arenillas, el socialista que más caro come de España. Arenillas, cada vez que come, cuesta 1.400 euros, eso sí, 600 de ellos en vino. No es que beba mucho vino, no. Son 600 euros por una sola botella de vino. O sea, un vino más bien caro. Claro, ahora se entiende mucho mejor lo que quería decirnos la ministra Salgado en su cruzada contra el vino. Que lo que no se puede es beber vino malo, de a cinco euros la botella. Los socialistas deben beber buenos vinos, los mejores vinos, pues para eso se han hecho los vinos caros, para que se los beban los Arenillas-boys, o sea, unos tíos estupendos formados en la antigua beautiful socialista, que tantas tardes de gloria dio en la era González. Aquellos eran socialistas modernos auténticos, que tiraban de tarjeta de verdad, que se vestían en Loewe y en Hemés y tomaban por las tardes marrón-glacé, que iban en Jaguar a trabajar y tenían casas repartidas por media España. Qué tiempos. Cómo los añoramos. Es lo que les pasa a los Arenillas, que quieren ser como sus mayores, y se han entregado a la delectación del lujo del vino a 600 euros. Se sientan allí en la oficinita que les ha puesto Zapa en la Moncloa y se ponen a elucubrar sobre cómo hacerle la pascua a Pizarro, descorchando vinos caros y botellas de moetchandón. Eso sí, gastar, gastan; y beber, siempre lo más caro. Pero de pagar, nada. Pagar no les gusta. O por lo menos esa es la sensación que da el estudio de las cuentas del grupo Intermoney, fundado por Arenillas, que resulta que debe a Hacienda casi tres millones de euros. Para qué vamos a pagar nosotros a Hacienda, si Hacienda es nuestra, dirá Arenillas. A Hacienda no hay que darle, sino cogerle. Y en eso están los arenillas, en coger mientras más mejor. En quedarse con Endesa como sea y en poner en la calle a Conthe, que molestaba demasiado. Ahora ya tienen todo el campo libre. Ya pueden actuar en la cénemeuve como socialistas auténticos que representan al Gobierno sin necesidad de seguir con el paripé de la independencia a que les obligaba Conthe.
Ahora, ya pueden vestir de negro, como aconseja don José Blanco en el manual de estilo que acaba de aprobar su partido para la campaña electoral. Es verdad, Zapatero va últimamente mucho de negro. Y ahora vemos la explicación. Es que Pepiño quiere que los socialistas vistan colores alegres, mayormente negros. De negro o de gris. O como mucho de marrón. Pero preferiblemente negro. No de negro-masón ni de negro-mortuorio ni de negro-satán. Tradicionalmente se vestía de negro sin motivo aparente la gente más siniestra. Pero ahora Pepiño ha descubierto que el negro-sartén es alegre y primaveral. Moderno. Y por eso quiere que todos en el partido vayan de negro. O de gris ceniza. O sea, de cenizo. Colores muy joviales y apropiados para los socialistas, para gente como Arenillas y Sebastián, para cuando tengan que pedir vinos caros o para hacerse la foto bajo la catarata de la emetreinta de Gallardón. Eso sí, lo que no puede ser es que vaya uno vestido de naranja o de rosa a una manifestación en la emetreinta. Tiene razón Pepiño. Con lo plural que se ha vuelto ahora el partido, hay que aclarar mucho las cosas. No se entendería que los candidatos fueran a dar mítines con chaquetas floreadas, por ejemplo. Bueno, Zerolo sí, porque al admirable secretario de movimientos sociales le va mucho lo floreado. Pero los demás, no. Los demás, de negro. O de gris, un color también muy alegre. Muy apropiado para los socialistas de Ibiza, acusados como están de cobrar comisiones millonarias de una promotora implicada en el caso-Roldan. Dicen que Pepiño lo sabía y que le pareció bien. Pero yo no me lo creo. Pepiño no; si fuera otro, todavía. Pero Pepiño no para de denunciar a los corru-tos del pepé, y no va a cometer el error de implicarse con los corru-tos del psóe. Pepiño es un hombre muy serio y por eso ha decretado que los socialistas deben vestir de negro. Según el momento, por supuesto. Si vas a negociar con un terrorista, de negro. Si vas a cobrar una comisión, de negro. Si pides un vino de a 600 la botella, de negro. Pero si vas a reivindicar que derriben la emetreinta, de gris cemento. Y no digamos ya si vas a trabajar. Entonces, de marrón. Te tocó el marrón. Y es que don Blanco no da puntada sin hilo (negro, of course).

 José Antonio VERA