|
De calzoncillos
Me ocuparé de un
problema humano y social de gran envergadura. Nada más desasosegante que
sentir, en pleno paseo, que los calzoncillos se resignan piernas abajo.
Lo ha dicho el popular presentador de la BBC Jeremy Paxman, cliente
asiduo de «Marks & Spencer», a cuyo presidente ha enviado una trágica y
contundente misiva. «Siempre he comprado mis calzoncillos en ?Marks &
Spencer? y los de ahora, no dan el sostén adecuado». Mi opinión es que
hay que tomar cartas en el asunto inmediatamente.
«Marks & Spencer» tuvo un gran mérito a principios del siglo XX.
Consiguió que los ingleses pudieran vestirse como los nobles a precios
populares. El duque de Bedford llegó a aseverar que el esnobismo viene
del marxismo, no el de Marx, sino el de «Marks & Spencer». Quien escribe
reconoce haber cubierto en numerosas ocasiones sus zonas reservadas con
calzoncillos de «Marks & Spencer» sin haber notado, ni aun efectuando
los movimientos más bruscos y muelles, rendición de servicio en su
sostén elástico. Una mañana nubosa de agosto, en los jardines de
Ondarreta de San Sebastián, procedí a dar una voltereta entre los
tamarindos, como consecuencia de un arrebato de amor, y los calzoncillos
mantuvieron su presión sin dar síntomas de debilidad. Una de las grandes
ventajas de la civilización occidental es que los calzoncillos no se
caen. Los mejores son, en mi humilde opinión, los de «Hackett», si bien
los estampados de flores, rayas y lunares de «Wilkinson & Sons»
aventajan a los primeros en estética en los minutos previos al fornicio.
Me refiero, claro está, a los calzoncillos decentes, a los «shorts»,
jamás al modelo «sleep Ocean» o bragas masculinas que tanto daño han
hecho a la humanidad. Un hombre que se quita los pantalones y aparece
con unas bragas blancas o de color marcando paquete es, sencillamente,
un guarro. El gayumbo tiene que ser amplio, alcanzar la media pierna y
ayudar a mantener la dignidad masculina en situación de desnudez
parcial, o lo que es igual, sin pantalones pero con zapatos y medias
hasta la rodilla.
Resulta desconsolador que un siglo después de haber iniciado su
impresionante y benéfica labor calzoncillera, «Marks & Spencer»
traicione su identidad y prestigio medio con una remesa de calzoncillos
que se desajustan del michelinamen y abandonan su lugar en pos de corvas
que no les pertenecen. Unos buenos calzoncillos jamás se inquietan, por
nervioso que sea su portador, y nunca abandonan la cintura en la que se
sostienen. Ignoro si, hasta el momento, la Casa Real británica ha obrado
en consecuencia o mantenido un silencio desconcertante. No debe la Reina
Isabel II opinar de lo que no sabe, pero ahí están el duque de Edimburgo
y el Príncipe de Gales para poner las cosas en su sitio. El Príncipe
Carlos ha podido cometer algún error, pero jamás se le ha visto en
público expresión preocupada por inesperados deslizamientos de
calzoncillos. Y lo que se está jugando, hoy por hoy, es el honor de
Inglaterra. Enrique II y Tomás Beckett se las tuvieron tiesas con el
honor del Príncipe y el honor de Dios. También el honor de los
calzoncillos de «Marks & Spencer»merece la atención social. Sin cacerías
de zorro y con los calzoncillos caídos, el Imperio se derrumba.
Alfonso USSÍA
.gif) |