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Avances sociales
Cuando Hayek resumió el socialismo en una palabra, esa palabra fue
arrogancia. Los socialistas, en efecto, empezaron ya en tiempos de Marx
a pretender superioridad en lo intelectual y lo moral. Nada de su
terrible historia ulterior parece haberlos arredrado, y la izquierda,
tanto en sus variantes democráticas como no democráticas, sigue
reclamando una completamente infundada primacía en la razón y la ética.
Esta misma semana Smiley insistió gallardo en que «no daré un paso atrás
en derechos sociales». Y Rubalcaba, ese espejo de moralistas, proclamó
hace tiempo: «En políticas sociales, el Gobierno socialista es
imbatible». Aquí se combinan la invención y la altanería en dos
dimensiones. La primera es la increíble noción de que uno representa y
monopoliza el progreso. Desde su mismo origen, los socialistas
padecieron el narcisismo patológico de creer que hay leyes históricas
que marcan el progreso humano, y que ellos eran quienes podían
desentrañarlas. Si hay que buscar una raíz del totalitarismo socialista
podría ser encontrada en tan imbatible soberbia intelectual. La segunda
ficción es que los socialistas benefician a la sociedad o a sus grupos
más débiles o necesitados. La izquierda trata este bulo como si fuera un
axioma, por lo que conviene que los amigos de la libertad protestemos y
señalemos que el rey está desnudo, porque los socialistas (de todos los
partidos, por seguir con Hayek) no extienden derechos sino obligaciones,
porque no prima en ellos la noción de contratos voluntarios, que crean
derechos y deberes a partir de la libertad, sino la idea de reglas
derivadas de la coacción del poder. Tras esta teoría antiliberal, los
socialistas llevan a la práctica un intervencionismo que se traduce en
más paro y más impuestos. Jamás admitirán ninguna responsabilidad en los
daños perpetrados. Como cualquier narciso, se mantendrán extasiados ante
su propia belleza, tratarán de retrógados a quienes se les opongan, que
son gentes perversas por definición, porque no son de izquierdas, y se
regodearán en una lógica implacable: el avance social es el avance
socialista, y viceversa
Carlos RODRÍGUEZ
BRAUN
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