Al paso alegre de
Zapatero
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"Tabaco y
cerillas" |
AHORA Zapatero es el organillero que nos ayudará a
celebrar la alegría de la vida que pasa. Es un antepenúltimo perfil de
figurante. Le asisten las nóminas del arte y la farándula para que ni el
menor retazo de alegría caiga fuera de la red. Dadle alegría al
ciudadano, ponedle hilo musical a los quirófanos y crematorios del
Estado de bienestar, que al recibir los cuatrocientos euros suene la
sección de viento del júbilo. Humilde, más humano que nunca, altruista,
hombre de la calle, el estadista de La Moncloa abandona por un momento
sus deberes y le da al organillo por las esquinas de la ciudad. El
repertorio es de pueblo contentadizo aunque mejor si tiene piezas
musicales de atractivo intergeneracional, letra multiculturalista y en
conjunto contribuye a dispensarnos de la sombría partitura de la
derecha. Para la derecha el órgano desafinado, el «Dies Irae», la
tiniebla y el pecado. Por ahí anda la derecha más montaraz, todavía con
bigotillo recortado, gafas oscuras y «Montañas nevadas». Lo que Zapatero
se propone, en cambio, es defender la alegría. Elemental y lírico
mecenazgo del organillero.
Pero organistas y organillero topan ambos con la
misma incertidumbre. Las encuestas una y otra vez desentonan con el
resultado real de las cosas. ¿Hace uno lo conveniente al alegrar la vida
al género humano o debiera hablarle más bien de realidad? Hasta cierto
punto, algo tendrá que ver todo esto con el hecho de que siempre haya
votantes que les dicen a los encuestadores lo que quieran escuchar:
amagan su voto asimilándose, como los camaleones, al color predominante
en la pared. Por ahí puede andar el organillero ofreciendo romanzas
cuando la gente que se asoma a los balcones preferiría una vieja marcha
militar o una mazurca.
En la campaña electoral norteamericana, la
neurociencia está estudiando nuevas reacciones y comportamientos. Los
científicos de la universidad de Washington han analizado las reacciones
ante los debates electorales. Datos de enero publicados por «Los Angeles
Times»: un número significativo de personas que dijeron preferir a Obama
en una encuesta informal por internet luego resultaba que, según sus
reacciones subconscientes, preferían a Hillary Clinton. Un precedente es
el caso del alcalde Bradley de Los Ángeles, negro y demócrata. A pesar
de llevar una ventaja de un 22 por ciento, perdió las elecciones a
gobernador frente a un candidato blanco y republicano. De ahí se dedujo
que algunos electores dicen en las encuestas que van a votar a un
candidato negro y luego votan por el candidato blanco. A inicios de
siglo, persiste la complejidad racial. Lo que por ahora está claro es
que escanear la actividad cerebral no garantiza una previsión fiable del
sentido final del voto. Puede darse la circunstancia de que los
científicos detecten como ansiedad lo que es felicidad por el simple
hecho de que no pocas zonas del cerebro procesan emociones muy diversas.
Los electrodos del Gran Hermano nos grapan el cerebro y el corazón sin
garantía de exactitud.
Por presiones de ambiente o por simple real gana, a
menudo apetece darles el cambiazo a los encuestadores. Posamos en falso
como indecisos, como entusiastas de un partido o de otro, como votantes
minoritarios o moléculas de lo mayoritario. Es como votar dos veces. Por
eso uno puede permitirse darle a entender al organillero que la alegría
es lo que importa y luego votar por el «De profundis». O al revés. En
términos de clasificación mental, seguramente es más musical la sonrisa
de Zapatero que la de Rajoy. Rajoy posiblemente sea capaz de desafinar
incluso tarareando la sintonía del «Tour de France». Zapatero sonríe en
papel pautado, llevado en volandas por la ilusión de la kermés. Mejor
defensor de la alegría, imposible. Lo de la derecha es de agonías, de
gente desaborida y atravesada. Pero, ¿esperamos de los políticos alegría
o seriedad? Según los datos del Instituto DYM para ABC, la percepción
genérica de una crisis económica ya es parte de la agitada electricidad
de nuestros cerebros. Los aparatos electroencefalográficos que intentan
sistematizar las emociones del voto algún día revelarán la melodía más
adecuada para domesticar a los electores. Por ahora no hay precedentes
de que el paso alegre del organillero pueda aliviar una situación
económica.
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