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ABC de la memoria
(histórica)
LA única posibilidad de Zapatero para estar en la
cumbre de Washington es que la secretaria de Bush yerre al enviar las
invitaciones, como hizo la secretaria del general Clutterbuck con el
indio Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) en «El guateque», la comedia de
Blake Edwards.
No es que España no sea la octava potencia
económica del mundo, que no lo es; es que Zapatero no puede jugar -con
Pepiño Blanco- a Beavis y Butt-Head de la política internacional y luego
pretender que lo inviten a una exclusiva reunión de caballeros. Además,
Zapatero no es un hombre; Zapatero es una «troupe». Invitar a Zapatero
supone invitar a Zapatero, Garzón, Méndez, Gibson, Moratinos, Blanco...
y sus respectivos retratistas ecuestres, líderes de opinión, cocineros e
intérpretes, pues todo el mundo sabe que en la «troupe» zapateril nadie
chanela el inglés. ¿Puede garantizar la «troupe» zapateril que en un
momento dado, y a indicación de Garzón, no se abalanzará Cándido Méndez
con toda su humanidad sobre Bush para inmovilizarlo y proceder a su
arresto por crímenes... contra la humanidad?
«Crímenes contra la humanidad» es, en fin, la
fórmula de banalización del mal que vuelve a poner de moda la izquierda.
La humanidad es ella, la izquierda, y los criminales, todos los demás.
Los fascistas siempre son los otros. La sublevación de julio de 1936
contra la República es un golpe fascista, pero las sublevaciones de
diciembre de 1930 contra la Monarquía y de octubre de 1934 contra la
República son levantamientos populares. En ambas participa, como un
campeón, Largo Caballero, con estatua olímpica en Madrid:
-La fecha del movimiento fue la del lunes, 15 de
diciembre de 1930. Yo tenía que comunicar al Partido y a la UGT el
acuerdo de declarar la huelga general. Lo demás lo harían los militares.
Se nos condenó a unos meses de prisión. Salimos a la calle, y poco
después estuvimos comprendidos en una amnistía. El ambiente político se
enrarecía para el régimen monárquico, al que no se le ocurrió cosa mejor
que convocar a elecciones municipales.
Sólo al ABC, de ideario monárquico, la «ocurrencia»
acabaría costándole dieciocho muertos en Redacción y más de cincuenta en
Talleres. A los veinticinco días de proclamarse la República, su
propietario y director, Juan Ignacio Luca de Tena, va a la cárcel
acusado de asesinar a un taxista inexistente. La chusma acude al
edificio de ABC para incendiarlo. Hay varios muertos. Se habla de
«flechas envenenadas» arrojadas desde las ventanas «contra el pueblo
indefenso». En la celda lee Luca de Tena la pintada de su antecesor,
Fernando de los Ríos, en la pared: «Por la Libertad, el Derecho y la
Justicia.» De los Ríos es ministro de Justicia y en la calle arden
iglesias y conventos, para «disgusto» de Largo Caballero, también
ministro:
-No pudo saberse nada. Sólo que lo hubieran hecho
católicos reaccionarios.
Luca de Tena vuelve a la cárcel tras de la
sanjurjada contra el Estatuto catalán. «A mí ni me procesaron ni
siquiera me tomaron declaración durante los tres meses que entonces
estuve en la cárcel.»
ABC no se destaca precisamente por maltratar a sus
empleados. Establece la jornada de ocho horas en 1918, dos años antes de
que lo decrete el conde de Romanones, y durante las suspensiones
republicanas la empresa paga todos los sueldos sin estar obligada a
ello. En febrero de 1934 Luca de Tena recibe la visita del delegado de
la Casa del Pueblo de los talleres, que le dice que en la nave de
máquinas hay un operario, Jesús Navarro, que no pertenece a la UGT.
-O usted lo obliga a sindicarse en la Casa del
Pueblo o lo expulsa del periódico o vamos a la huelga.
Y van a la huelga. Pero la pierden. Sería la única.
En 1936, ABC publica un artículo que Prieto
considera injurioso y se querella contra el director. En la
conciliación, el juez le dice al oído: «Escápese usted, que le tengo que
meter en la cárcel.» A la mañana siguiente, Luca de Tena huye de polizón
en un aeroplano y se instala en Biarritz.
-Y empecé a conspirar por primera vez en mi vida.
POR IGNACIO RUIZ
QUINTANO
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