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Un asunto de salud pública

 

Los aditivos del tabaco son un asunto de salud pública de primera magnitud por derecho propio.

Unas 600-700 sustancias han sido aceptadas como aditivos de los productos del tabaco. Sin embargo, sólo las compañías tabaqueras pueden desvelar qué aditivos aparecen en cada marca de cigarrillos.

El tabaco es el único producto de venta legal no sujeto a la ley de etiquetado. Por extraño que parezca, ni siquiera la Comisión Europea, que es responsable de la regulación de los productos del tabaco, puede proporcionar esa información o tiene, en estos momentos, el poder de exigirla.

Los cigarrillos tienen un 10 por ciento de aditivos (calculados en relación al peso), principalmente en forma de azúcares, agentes aromáticos y humectantes. Los aditivos se añaden al tabaco por varias razones:

a) Para aumentar la porción de nicotina libre, ya que esto potencia el poder adictivo de la misma y hace más difícil dejar de fumar. Se ha descubierto que el amoniaco líquido desempeña este papel al incrementar la alcalinidad del humo.

b) Para mejorar el sabor del tabaco y hacer el producto más deseable mediante la adición de menta, madera, especias, frutas y esencias florales, pero también de sustancias sintéticas. Se utilizan edulcorantes y chocolate para hacer más apetecible el sabor del tabaco a los niños y primeros consumidores. Se añaden eugenol y mentol para enmascarar los efectos en el tracto respiratorio.

c) Se usan también aditivos para enmascarar el olor y visibilidad del humo. El acetaldehído es un cancerígeno que se forma con la combustión de los azúcares añadidos al tabaco.

Los cigarrillos tienen el filtro perforado para diluir el aire inhalado. Sin embargo, los fumadores aprenden pronto a tapar estos agujeros con sus dedos para regular la dosis de nicotina o conseguir inhalaciones más profundas por lo que las mediciones oficiales de nicotina, monóxido de carbono y alquitrán no suelen ser reales. Los fumadores merecen mejor información acerca de los productos que consumen, aunque hay que tener en cuenta que, incluso sin aditivos, el tabaco seguiría siendo esencialmente una droga cancerígena.

POR RODRIGO CÓRDOBA