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Las tablas de Arcenillas: Reproducciones fotográficas


Personajes de talante noble y aristocrático, serenos, naturales e ingenuos dentro del éxtasis que se refleja en sus rostros y gestos. Rica abundancia de colorido, matizado y contrastado. Mosaico y arquitectura floridos.


Tinajas enormes. Una mujer trae y sostiene con una mano una cantara de agua, mientras un hombre escurre la que él trajo. Por la espita abierta sale disparado un grueso chorro de vino, que ya lo vierte la jarra rebosante. Sorpresa en los ojos absortos. Gran realismo en caras y gestos. Cristo, en contacto con la alegría de una boda. Metido en nuestra vida, aunque su mirada parece descubrir motivaciones sobrenaturales. Composición encantadora.


Todo es pureza virginal en la estancia: el ángel, la azucena, María... Sinuosidad en los pliegos de las ropas. Luz y frescura de brisa mañanera en el ambiente, abierta la amplia puerta de par en par. Detalles: los dos vasares con sencilla, pero reluciente vajilla, la cesta de la costura, el libro miniado, moviéndosele la hoja en que estaba María leyendo.


Iluminación nocturna en la escena. Gozo y asombro en los rostros de José y María. En sus brazos y manos abiertas, cariño y deseo de tomarlo y miedo de hacer daño al Niño. Desconcierta la pequeñez y como abandono del Niño Dios. Dan ganas de entrar en la escena para prestarle el calor de nuestro regazo. La estancia tiene piso y artesonado, aunque se pinta un buey asomado a ella. No hay el pesebre del Evangelio.


Todos los colores imaginables están en esta tabla. Manso Jesús en rostro y gestos. Bondad y alegría en los Apóstoles. Entusiasmo en quienes lo reciben, grandes y pequeños. A lo lejos, gente que trae ramos. Se reparten el plano inferior, un buche y unas ramas, un manto y el hombre, que, inclinado lo extiende, al paso de Jesús sobre la borriquilla. ¡Que bello paisaje en su cielo!.


Composición casi temblorosa. Hay espanto admirativo y amoroso en los apóstoles. Ternura en Juan que apoya la cabeza al costado de Cristo. Judas esconde la bolsa tras la espalda. Mesa, redonda. El vino, transparente. Grandes, los panes. Hay como una acosante invitación a participar.


Color dominante el verde en todos sus matices. Cristo, solo, a la derecha, acepta el cáliz. A la izquierda, duermen los tres. Detrás de ellos, Judas señalando a Jesús a los soldados acorazados. Inverosímil, tanta luz y paisaje en escena nocturna y exterior.


Anatomía perfecta en los desnudos. Jesús, sereno, sin la menor resistencia. Anás, hipócrita, lo apuñala con su mirada. Los verdugos, repugnantes en cara y escamas, sarnosas o sifilíticas, lo atan y golpean. Fina arquitectura.


Jesús abraza y acaricia la cruz descomunal mirándote. Lanzas puntiagudas, al cielo. Tal vez Jesús vacila y se produce una orden que detiene o acelera la marcha. Un soldado va a descargar un garrote grueso y nudoso sobre el Señor. Esplendente pureza de colorido.


Tabla prodigiosa. En medio, Cristo muere mirando cielo y tierra. A su derecha, María semidesmayada es sostenida por Juan, el discípulo predilecto de Jesús. A la izquierda, autoridades y soldados. "Si era el Hijo de Dios", grita el Centurión en su flámula. Al fondo, arboles altozanos, peñas, y el palo transversal de la Cruz marcando el horizonte, colgado Cristo, de ella.


María, ensombrecida, sentada, se hace toda regazo y abre los brazos para recoger un instante, el cadáver de Jesús que le acercan dos hombres. El hombre de su izquierda se repite, en idéntica postura en las Bodas, Entrada en Jerusalén y Santo Entierro. Paisaje normal. Dominándolo todo, el trazo impresionante de la Cruz. Es una de las 4 tablas robadas.


Composición llena de ritmo y proporciones. Al centro, María se inclina dolorida sobre Jesús que está siendo colocado dentro de noble sepulcro, por los dos personajes anteriores. Detrás, en el medio, Juan y dos Mujeres. A ambos lados, un hombre disponible, acercándose. Es una de las 4 tablas robadas.


Todo esta invadido de luz que hace como cristal todas las cosas, hasta a los guardianes caídos y a las piadosas mujeres que se acercan en la lejanía. La humanidad revivida de Cristo, como ingrávida, presenta las heridas teñidas de sangre como prueba de que fue de veras crucificado. La cruz es señal de que venció la muerte. Y la blanca bandera, señal de que nos trajo e hizo la paz. Es una de las 4 tablas robadas.


Esta en el Museo de la Catedral de Zamora. Fue entregada al Obispo de Zamora en 1925-30 con el deseo de que volviera al templo de donde procediera, por Dª Mª de los Angeles Gómez de Villavedón Santos. En 1988 restaurada en Simancas (Valladolid) conservando en nº10 que le correspondía en el Retablo de Arcenillas.


En el centro Jesús que alza el brazo derecho, y Tomás metiendo la mano en la llaga del costado.  Ella es el punto de convergencia de todas las miradas de los apóstoles que se reparten a ambos lados. Es una de las 4 tablas robadas.


Esta Tabla presenta a Cristo que se va. Una nube lo oculta más y más, dejando ver solo la parte baja de su túnica policromada, y, desnudos, sus pies, cuyas huellas se ven marcadas en la cima del monte. Ellos deben recorrer el mundo predicando lo que han visto y oído: la vida y la vivencia del Amor. Ya es Pedro el Jefe de la Iglesia naciente, con sus llaves.


 

Está en el Museo de la Catedral. D. Justo Santos y Ruiz Zorrilla la entregó al Sr. Obispo de Zamora con el deseo expreso de que volviera al templo de donde procediera. El año 1988 se restauró en Simancas conservando el nº 13 que le correspondía en el Retablo de la catedral y de Arcenillas

Epifanía (Nuevo)

Esta tabla se encuentra actualmente en el Museo de Bellas Artes y fue dada a conocer en 1988. Estuvo en la colección del Sr. Pedro Masaveu. El número 34 hundido en la madera de esta tabla, así como la huella de la chambrana doble superior demuestran que ésta hermosa tabla pertenece a Arcenillas